APRENDER, JUGANDO

El juego constituye una parte esencial en el desarrollo del niño, puesto que mediante el juego va conociendo la vida. Para ellos, el juego tiene un carácter formativo, en el sentido de enfrentarse una y otra vez a situaciones que terminan dominando y a las que se terminan adaptando. El juego desarrolla distintas capacidades en el niño: capacidades físicas, afectivas, sensoriales y mentales, aumenta su creatividad e imaginación, aprenden a cooperar, a compartir, descubrir su cuerpo, etc..

El artículo 31 de la Convención de los Derechos del Niño establece:

“El niño tiene derecho al esparcimiento, al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales”

La primera fase de la vida, la infancia, es en la que se produce una formación integral del niño y en la que predomina el juego (uno de los canales por el que nos construimos como personas). Muchos autores son los que hablan sobre esto, pero el más conocido es Jean Piaget, el cual postulaba que el niño nace en un medio que condiciona su conducta, con unos factores sociales que estimulan su desarrollo y un nivel madurativo propio que le hace diferente a los demás, caracterizado por la asimilación y acomodación de las nuevas estructuras (aprendizajes) a los ya poseídos con anterioridad, de esta forma el niño aprende, avanza y aumenta su conocimiento sobre la vida, y Piaget creía que esto se producía en gran manera por la interacción del niño con los objetos, traducido en el juego.

Otro de los grandes aportadores de la pedagogía como lo fue Froebel, también nos habla sobre la importancia del juego. Froebel consideraba el juego como el medio para introducir a los niños al mundo cultural, en la sociedad, la creatividad y el servicio a los demás.

El juego es el primer instrumento que posee un niño para aprender y conocerse; igualmente, se ha demostrado que el juego de padres e hijos es beneficioso en todos los sentidos en tanto que le da mayor seguridad, autoestima, creatividad, autocontrol emocional, etc.

 

©FOTOGRAFÍA: PIÑA COLADA MAGAZINE

Según afirma Marilex Pérez, psicóloga y psicoterapeuta infantil (UCAB), en una entrevista: “Desde que nace, el niño encuentra en la llamada estimulación temprana, la manera de irse diferenciando del mundo, conociendo su lugar en él, adquiriendo su propia personalidad, entendiendo de roles y socializando. Además, el juego es la herramienta natural con la que expresa sus sentimientos…”

 Esta especialista ofrece cinco beneficios del juego: fortalece la autoestima, mejora su condición corporal y disciplina (trabajo en equipo, colaboración, reglas y valores), desarrolla habilidades cognitivas y motrices, permite detectar trastornos y vincula a la familia. La autora, afirma que “El juego entre padres e hijos es fundamental porque es el ejercicio mediante el cual ambos se conocen. Cuando un padre se sienta a jugar y se pone a su mismo nivel establece vínculos, cercanía y eso facilita muchísimas cosas.”

©ILUSTRACIÓN: PIÑA COLADA MAGAZINE


En definitiva, según los expertos, el juego entre padres e hijos hace a los niños más felices, imaginativos y tolerantes, y les permite tener más éxito en la escuela; sin embargo, un estudio realizado por el Observatorio del Juego Infantil indica que los niños dedican cada vez menos tiempo a jugar y un tercio de los niños lo hace solo. Este estudio se llevó a cabo entre marzo y enero de 2012 mediante entrevistas online, y del mismo  se concluyó que:

– El índice cada vez más bajo de juego infantil en España se debe al estilo de vida de las familias, influido por el avance de la cultura en la que cada vez son más los que tienen un único hijo, se superpone la importancia de las actividades extraescolares al juego y por la reducción de los espacios de juego.

-Otro de los factores que más está influyendo es el avance de las tecnologías y el hecho de que los niños cada vez más pequeños las usen; y esto se debe a que los padres las consideran como instrumentos útiles para el entretenimiento rápido y fácil a pesar de que fomenten la soledad del niño.

-Según este estudio, se dedujo también que casi al 60% de los niños prefieren hacer planes familiares y que a medida que aumenta la edad de los padres, los niños prefieren jugar a la consola, salir con los amigos y conectarse a internet.

“Los niños necesitan tiempo y espacio para jugar. Jugar no es un lujo, es una necesidad.” Kay Redfield Jamison

Es necesario tener en cuenta que el juego entre padres e hijos no es el único factor que puede incidir en el rendimiento escolar de un alumno, ya que son muchos los factores que intervienen. De hecho, el juego entre padres e hijos podríamos determinarlo dentro del factor socio-ambiental, es decir, la familia y grupo de iguales (estructura, clase social, clima educativo), pero existen otras variables que condicionan el rendimiento académico, como son factores cognitivos, factores motivacionales, factores institucionales y factores instruccionales.

Gracias a las investigaciones realizadas a lo largo de la historia, podemos decir que el juego, y además, entre padres e hijos, favorece las aptitudes e inteligencia del niño, puesto que se enfrenta a los problemas con mayor seguridad, mejora el autoconcepto de sí mismo y favorece una visión positiva del mundo.

El rendimiento académico es considerado como un indicador del nivel de aprendizaje alcanzado por el alumno, de ahí su importancia. En este sentido, el rendimiento se trabaja como una medida del aprendizaje en el aula. El rendimiento académico es fruto del esfuerzo y la capacidad de trabajo del estudiante, de las horas de estudio, de la competencia y el entrenamiento para la concentración.

El juego es el vehículo ideal para articular la enseñanza y los niños que juegan, muestran una mejor disposición para el aprendizaje.

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