¿IMPORTA EL ORDEN?

 

Un tema del que mucho se habla, pero probablemente, poco se sabe; sí, hablamos de los celos y la personalidad de los niños según el orden de nacimiento respecto a sus hermanos.

Es evidente, que tener hermanos tiene muchas ventajas, ya que los niños cuentan con un cómplice, con un amigo, a medida que crecen se hacen confidentes, sus peleas les enseñan a defenderse ante otros niños, aprenden a compartir, etc…

Sin embargo, también existen los inconvenientes, que seguramente, los conozcamos mejor, ya que nos referimos a los muy nombrados “CELOS”, “COMPETITIVIDAD”, “PELEAS”…¿Quién no se ha quejado alguna vez de ello? Y para conseguir un equilibrio en casa, es necesario poner unas normas básicas, cosa que trataremos en un post próximamente.

 

Ahora nos vamos a centrar, en si el orden de nacimiento importa, es decir, si influye en cómo los niños desarrollan su personalidad.

Para ello, debemos comenzar con el “Primogénito”, el primero.

El primogénito, es el que abre el camino hacia la maternidad y paternidad a los padres, es con el que se aprende a ser padres; por ello, se dice que es el más luchador, el más independiente y el menos afectuoso.

Generalmente, goza de privilegios que otros no tienen como mayor libertad, horarios más flexibles, mayor autoestima y menos protección. Pero, suele ser el que más celos tiene y al que más obligaciones se le exigen al ser “el mayor”.

El “Mediano”, el que está en medio.

No goza de los privilegios del mayor ni de los mimos del pequeño, por lo que debe espabilarse para llamar la atención de sus padres. Así, sus características suelen ser las de un niño pillo, manipulador; además, puede que presente ciertos traumas y des-ubicación en la familia al no tener los privilegios de los demás.

Lucha para conseguir la atención, y a menudo, queda anulado por sus hermanos. Por ello, requiere de mucha paciencia, mucho cariño, mucho tiempo, para que él también pueda sentirse único como sus hermanos.

El “Benjamín”, el último en llegar.

Suele ser un niño muy deseado, por lo que todo lo que hace resulta gracioso y adorable. Es el centro de atención de todos, y además, goza de la protección de sus hermanos mayores y se le exigen menos responsabilidades, sin embargo, el principal problema aquí es la “SOBREPROTECCIÓN”. Así, es necesario, evitar el exceso de mimos, ayudarle a tolerar las frustraciones, y por supuesto, no dárselo todo.

<<¿QUÉ PODEMOS HACER PARA QUE TODOS  SE SIENTAN IGUAL DE IMPORTANTES, Y CONSECUENTEMENTE SE REDUZCAN LOS CELOS ENTRE HERMANOS?>>

Para ello, empecemos con la clara premisa de que !NO TODOS SON IGUALES, POR TANTO, NO PUEDES DARLES EL MISMO TRATO!

Numerosas veces caemos en el error de considerar, que para que ninguno se sienta diferente o menos querido, debemos tratarlos igual. No, porque cada niño es único, y al tratarlos por igual, estarás satisfaciendo las necesidades de unos pero no de otros, por lo cual, siempre terminarán sintiéndose  inferiores.

Conocer la personalidad de cada uno, es fundamental para saber lo que cada uno necesita y requiere. Pondremos un ejemplo muy común:

→Uno de tus hijos, lleva todo el fin de semana estudiando para su examen del lunes; y el otro
(que es más perezoso) sólo ha estudiado el domingo por la tarde. El primero saca un 4, y el
segundo, saca un 5. ¿A cuál de los dos castigarías, o a cuál recompensarías?←

Pues bien, se trata de que el niño aprenda que lo importante es el esfuerzo, no tanto el resultado.

Porque llegará un momento en la vida, en el que sin esfuerzo no tendrá ningún resultado, y entonces no sabrá gestionar la frustración que ello le provocará.

Respondiendo a la pregunta que hacíamos, os proponemos algunos consejos para tratarlos de forma equitativa, pero respecto a su personalidad:

Comencemos con el mayor; se ha de pensar, en las desventajas que tiene ser el mayor por las exigencias que les imponemos, por ello, debemos recompensar o más bien, compensar esas desventajas para que se sienta importante y reconocido.

Como por ejemplo, algo que esté restringido a los demás hermanos, como ver una peli que los demás no puedan ver, dejarlo más tiempo levantado los fines de semana, darle propinas por su trabajo (aunque sea responsabilidad suya), y por supuesto, no descuidar el plano afectivo.

Para el mediano, del cual decíamos que es el que más desubicado se encuentra en la familia, por no llegar a ser nunca como el mayor ni recibir el cariño del pequeño, es necesario tener paciencia y resaltar mucho sus logros, lo positivo de su personalidad.

Para ello, podemos aprovechar momentos de la vida cotidiana como hacer recados, recoger la casa, ayudar en algo con lo que pueda sentirse muy importante y especial, desligándolo un poco de sus hermanos (sin comparaciones).

En el caso del pequeño, es el que menos tolera la frustración, por lo que nuestra práctica debe ir encaminada a hacerle ver que las cosas no son cuando y como quiera, si no que debe tener en cuenta a sus hermanos, debe respetar también su tiempo y sus cosas, debe saber que las decisiones las toma el adulto.

Por ello, debemos evitar la sobreprotección  y el exceso de mimos, y ayudarle a aceptar la frustración que le supone no salirse siempre con la suya, otorgándole también algunas responsabilidades respecto a su edad, que le hagan sentirse importante, pero que a la vez, le enseñen que ser el pequeño, no le otorga el “estatus” de “intocable”.

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