REPUTACIÓN ONLINE E INFANCIA

EVOLUCIÓN DE LA REPUTACIÓN ONLINE EN LA SOCIEDAD

La proliferación de las nuevas tecnologías, el auge del management y el incremento notable de los social media, han favorecido el renacer de un concepto que se creía olvidado: la reputación. Ya decía Hesíodo que una mala reputación era una carga ligera de levantar, pesada de llevar y difícil de descargar. Y esto sigue siendo así en nuestros días, una mala reputación es un lastre que nos acompañará el resto de nuestra vida, lastre que es difícil retornar desde el momento en el que caes en él. Es en este punto, donde se hace primordial la planificación, la estrategia y la correcta gestión de nuestra reputación (donde la prevención, es mejor opción, que la recuperación).

No deja de ser menos cierto, que la correcta gestión de la reputación en nuestros días, no puede mostrarse ajena a las nuevas formas de consumo, las innovadoras formas de comunicación e incluso las maneras en las que nos relacionamos con el entorno. La revolución de las TIC en la mayoría de los ámbitos sociales, nos ha sumergido en los que muchos ya denominan como: “Etapa de la Comunicación”. El individuo en esta etapa, muestra una destacada capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos, transformando de esta manera, su conducta hacia el uso social de la tecnología, el consumo y la conversación.

Las corporaciones han tenido que evolucionar simultáneamente para comprender y adaptarse a los nuevos códigos de comunicación. Es en este contexto, donde a la búsqueda de reputación (como acto, en mi parecer, inherente al ser humano) hay que sumarle la coletilla de “online“.

Se sigue buscando una buena reputación, se ansía la notoriedad en el posicionamiento de los contenidos web, pero, el proceso de comunicación ha cambiado; la empresa ya no tiene el monopolio unidireccional del proceso, ha tenido que aprender a escuchar, ha tenido que incentivar la participación del usuario, y el usuario por su parte, ha tenido que adaptarse a su nuevo papel de participante del dialogo.

Se ha vivido una culturización del usuario, que ha propiciado en las empresas una búsqueda de equilibrio entre los intereses económicos y los sociales; ante la demanda de transparencia por parte del usuario, la empresa desea y necesita una buena reputación online, que no trastoque la consecución de una venta satisfactoria. Y decimos reputación online, debido al incremento notorio de las consultas y ventas en este soporte durante los últimos años a nivel internacional (se calcula que en algunos países se ha llegado a experimentar un incremento de hasta un 16% anual).

Puede concluirse de este modo que el concepto de reputación online, nace de las buenas prácticas empresariales en Internet y un buen comportamiento corporativo en la doctrina del management. Y de la misma manera, surge ante esta nueva área, una necesidad de actuación y profesionales que se encarguen de ella: la gestión de la reputación online y las agencias de reputación online, que ofrecen servicios de comunicación corporativa, posicionamiento web SEO y estrategias de protección de marcas.

Como venimos detallando una mala reputación online a los adultos nos puede jugar una mala pasada a nivel personal o incluso laboral. Pero no debemos desestimar los efectos que una mala reputación puede tener en los más pequeños, ya sea de forma directa (cuando ellos son los consumidores y generadores de los contenidos) o de forma indirecta (cuando se transforman en protagonistas de un contenido compartido por personas mayores de su entorno).

 

¿CÓMO EDUCAR A NUESTROS HIJOS PARA CONSEGUIR UNA BUENA REPUTACIÓN DIGITAL?

El conocimiento de la ley en los social media: Todo el ámbito de internet y del uso de redes sociales está regulado, tanto a nivel nacional como internacional. Conocer esta legislación es muy importante a la hora de verificar su cumplimiento y para saber lo que cualquier usuario de internet debe o no debe hacer en la red. Al darnos de alta en una red social, aceptamos las condiciones de contrato y privacidad que las empresas establecen para usar nuestros datos y nuestros contenidos. En todos los casos se nos pide que leamos esas condiciones, aunque habitualmente (y no lo digo con orgullo) NO se hace. Con carácter general, los menores de catorce años no pueden pertenecer a redes sociales. Necesitan de una autorización expresa de sus padres para aportar datos de carácter personal en cualquier página web. Por lo tanto, nadie puede pedir ni publicar datos (contenido gráfico y/o audiovisual) sin consentimiento expreso de sus progenitores.

Es importante hablar mucho con ellos y explicarles algunos conceptos que pueden interferir en la imagen que proyectan a los demás en un futuro:

–  Es importante hacer hincapié en el cuidado que deben de tener con el material que publican. Su comportamiento en las redes debe basarse en primer lugar en el “ajuste a la legalidad” y en segundo lugar en “la preeminencia de la prudencia”. Los padres somos los que tenemos que configurar por ellos, parámetros de privacidad que permitan establecer límites claros para los jóvenes de con quién y qué, compartir.

– Evitar la creación, visionado, difusión y/o redacción de material ridículo, privado, ambiguo, desleal, denigrante…

– Necesitan conocer de la existencia de “personas con intenciones dudosas“, no fiarse de las apariencias, no relacionarse con desconocidos y mantener con ellos límites claros, todo basado en la confianza suficiente para no lamentarlo cuando sea demasiado tarde.

Los padres debemos tener la prudencia y la discreción como medidas para prevenir que nosotros mismos, creemos de forma indirecta, una mala fama a nuestros pequeños o adolescentes. Debemos tener cuidado al generar, comentar y difundir… imágenes o contenido audiovisual comprometido, que se torne viral; y pueda ir posteriormente en contra de los inocentes niños y/o los jóvenes más inexpertos, que no advierten el peligro.

Recordemos que bastante tendrán ellos con controlar y generar una buena reputación vital y online en el futuro, como para que nosotros levantemos sobre ellos “una carga ligera de levantar, pesada de llevar y difícil de descargar“. Preparémosles para que en el futuro no sufran las consecuencias de la desinformación. Y no dejemos que un puñado de “likes” acaben con su derecho al honor, a la intimidad personal y a su propia imagen.

 

 

 

 

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